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De todas formas, que para la bicicleta que yo practico, una bicicleta diaria y laboral, de tiempos medidos, el carril-bici no ha supuesto demasiado adelanto.
Yo dividiría la velocidad de los carriles en tres resultados elementales: carriles que me hacen ir más rápido; carriles iguales; y carriles más lentos, que me hacen ir más despacio o llegar más tarde. Además de la velocidad, que es tiempo que se emplea, hay que decir que algunos tramos son verdaderos atajos que hay que saber valorar y aprovechar. De lo inaugurado y que hasta ahora conozco, el tramo más feliz y rentable de carril-bici es el que soluciona el paso bajo el puente de San Bernardo o de Los Bomberos y comunica el Centro conNervión. Ese tramo es casi casi imprescindible en esa Puerta La Carne de la ciudad, nos evita subir ese "puerto de tercera" que es el puente o meternos entre las cocheras de los bomberos, que tampoco era camino muy liso que digamos.
En cambio, el criticado estrangulamiento del carril por la Puerta de Córdoba, entre Capuchinos y Muñoz León, hace a uno dudar del carril-bici y de lo que se le pide a la bicicleta: que sea un vehículo y medio de transporte de tiempos constantes. En ese paso estrecho, que tengas que ceder el paso a los peatones -como es normal- en horas punta, no es que te rompa el ritmo ni los tiempos: es que no llegas. Si no te dan miedo los coches, lo mejor que haces es coger la calzada que a tu vera te está diciendo cógeme.
Lo mismo puede decirse del carril-bici por Torneo, carril que está hecho pensando en itinerarios rectilíneos a lo largo y siguiendo el borde del río, trazado bueno para ir del tirón de Las Delicias a San Jerónimo o viceversa, pero malo como anillo interior de uso circular por el perímetro del casco antiguo. Para estos trayectos más cortos, si uno va en sentido Plaza de Armas - Barqueta, el hecho de que el carril nos pille a mano izquierda nos quita la gana de cogerlo, habiendo como hay buena acera en este lado. Si vamos en sentido inverso Barqueta - Plaza de Armas, volvemos a tener la tentación de ir por la acera interior, aparte de que el carril se espesa de peatones por la estación de autobuses, se hace muy lento y ya en Arjona desaparece, nos deja directamente tirados. Un trayecto tan elemental y repetido como Torneo - Puente de Triana tiene que hacerse por la circulación general, mucho más fluida y directa que un carril-bici que nos propone o cruzar el Puente del Patrocinio con los lentos peatones o bajar hasta la misma orilla del río, bello tramo por Chapina, sin duda, muy poco práctico cuando uno va "a ruta hecha".
El Paseo de Colón es otro tramo que está por solucionar cuando lo que queremos es simplemente llegar a Torre del Oro para después coger la avenida de Roma y por Palos llegar al Prado o a las glorietas del Cid o de la Pasarela. Una alternativa sería coger por San Fernando, pero San Fernando y toda la Constitución hasta Plaza Nueva es ruta peligrosísima para las bicis. Sabido es que bicicletas y vías de tren o de tranvía no se llevan bien. Las vías nos obligan a ir mirando continuamente al suelo y tampoco nos da lo que se pretende: un pedaleo regular y un tiempo exacto.
En conclusión provisional, doy por buenas las felicitaciones por el carril-bici pero me reservo el uso que un pirata de la ciudad vaya a hacer de ese carril. Quienes estamos familiarizados con los coches y tenemos una teoría de la circulación y de la ciudad, seguimos criticando una ciudad dividida en carriles, que por dividir los carriles divide a las personas, lo que favorece el mal clima y la pelea de todos contra todos: salvo en el carril-bici, la bicicleta molesta. Peligrosa entre peatones y lenta entre los coches, la bici sigue haciéndose sitio en la ciudad en medio de bolardos y muretes.
Atrincherarnos en el carril tampoco nos parece bien. La bicicleta que saca su orgullo bici y con su orgullo se torna dueña y exigente (no aparquéis en mi carril, no andéis por mi carril) está pidiendo que con la misma la traten cuando está fuera de su carril. Una exageración de las personas y una excesiva especialización, aparte de exasperar los nervios, resulta falsa. Ciclista eres también tú, que coges la bicicleta en fin de semana, y automovilista soy también yo, que cojo el coche para lo mismo los mismos fines de semana. Y peatones somos todos como todos iremos antes o después en sillita de ruedas.
Aun después de esas batallas, aunque yo gane algo con el carril-bici, aun venciendo a la opinión, hay algo que ya he perdido para siempre: una ciudad abierta y sin obstáculos con la que un día soñé.
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