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Restaurante Come y calla
Una cuestión a los bicicluturetas, por aclararme, qué pensáis de la kilometrada de carril bici que en nuestra ciudad han "impuesto". No parece más bien una medida populista sin mucho sentido? Tratando el tema como lo trata el Ayuntamiento, que prioriza carril bici en vez de carril bus, ¿no creeis que cada bicicleta debería tener matrícula identificativa e impuesto? Es que yo no termino de verlo claro. Me gustaría que todo el mundo pedaleara, pero no que sean siempre los mismos los que pagan. Los usuarios de transporte público (no vale que me hablen de inversiones en metro y tranvía, pues atienden a un 25% de la población) estamos cansados de que todo esté contra viandantes y bonobuseros. Cada uno tiene derecho a sus reivindicaciones, pero no vale exigir sólo el ancho del embudo. ¿Qué opináis?
RESPUESTA:
Lo malo es la división.
Lo fea y qué mandona que están dejando Sevilla con tanta disciplina categórica.
Nos mandan y nos gobiernan gendarmes interiores. El primero, el facha que llevamos dentro.
Todo es un poco como ese monumento a la inseguridad ciudadana que es la comisaría de polícía de la Alameda. Donde podía haber habido un gimnasio, un centro multiuso de participación ciudadana, un multialgo cultural y a la altura de la vida del barrio, van y ponen un corteinglés de policías.
Con el tráfico, lo mismo.
Nos manda el miedo, la división, el por aquí o por allí y tentetieso.
A un vehículo libre y fullero como la bicicleta, tantas órdenes. Después de las órdenes vendrán las ordenanzas municipales, las infracciones, las sanciones, las multas.
Lo malo es la división. Por aquí las bicis, por su carril; por allí, los autobuses, por el suyo. Si se piensa, ningún ayuntamiento como este que tenemos ha hecho tanto por los coches, por dejar a los coches dueños de un espacio en el que ya no hay vehículos que les disputen la partida.
Lo malo es la división cuando la división se marca con bolardos y muretes. ¡Qué fea está la Ronda por la Florida, y qué peligrosa! Continuamente accidentes menores y mayores y contra esos yesos horrorosos.
Lo malo es la división cuando esa división se marca en las cabezas cuadriculadas. Esas voces que te dicen: "¡Por el carril-bici!" cuando vas circulando en régimen general como cualquiera. Lo malo es ese guardia voluntario que tanta gente lleva dentro, que te pita o que te increpa.
Malo es que la bicicleta la lleve Participación Ciudadana, en vez de Tráfico y Transporte, como sería lo suyo. Y malo y costoso será mantener esa infraestructura de calzadas y señales.
La bicicleta del Alamillo, la bicicleta de una mentalidad protegida y dominguista, ha ganado a la bicicleta histórica que era tan normal en la ciudades como vehículo laboral y de paseo, galante sustituto del caballo en citas y en correrías.
Así visto, el carril-bici no es una victoria, sino una derrota. Una reserva para los indios a la reserva. La bicicleta vuelve, dicen, pero vuelve miedosa, aniñada y engreída, a costa de las aceras de los más débiles y sin haber intentado siquiera convivir con los más fuertes: coches y autobuses.
Coches y autobuses que somos nosotros mismos porque, a todo esto, la división es falsa y una misma persona va un día en autobús, el otro va andando, y otro día a la semana también coge la bici.
Sevilla ha perdido la ocasión de ir a una ciudad abierta donde se eliminen las separaciones y divisiones y donde la educación y buenos modos sean los que manden.
La bicicleta ha pasado de marginal al orgullo bici.
Véase, si no, con qué arrogancia bicis invaden el espacio peatonal, bicis por Sierpes a decímetros de personas y portales, rápidas y maleducadas, necias bicis que ya nos han dado mala fama a todos.
La ciudad ha perdido un plan urbano de abolición progresivo de aceras: calles como Águila o Méndez Núñez que quedarían fantásticas a una sola y única rodadura donde quepamos todos. También los coches de caballos, también los carros y carritos de impedidos o niños chicos.
La ciudad no está en su mejor momento ni, probablemente, en las mejores manos.
Dicho lo cual, el carril bici es una ocasión, una oportunidad, un vial más para que las bicicletas se busquen la vida.
Algunos tramos del carril bici, al discurrir bajo los árboles de las aceras, son maravillosos caminos rurales, un remanso de paz al margen del caos de la ciudad.
Desde la bicicultura, que propiciamos el uso y el abuso, la mano y la contramano, el pie a tierra y la discreta infracción, las aceras y las avenidas rapidísimas, usaremos el carril bici, claro que sí.
Gracias por vuestra contestación. La mía era sólo una preguntas. Aún así, espero no haber ofendido a nadie, pues algunas pinceladas de la "respuesta" las noto algo beligerantes. Lo siento si ha sido así. Creo que como ciudadano podía preguntar a parte interesada en el asunto. Mi opinión no la he dado, así que tranquilo ando de no haber ofendido. Gracias y ánimo a los biciculturetas.
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